Cañón del Colca

Valle del Colca, descenso al centro de la Tierra

Descubre el segundo cañón más profundo del mundo

Cerca de Arequipa se abre una de las maravillas naturales de Perú. Inexplorado hasta hace unas décadas, el Valle del Colca ofrece paisajes que cortan el aliento. Hay rutas de senderismo, deportes extremos, termales y el majestuoso vuelo del cóndor, el amo del lugar.

Autor: J. Tangarife

Mirador de Cruz del Cóndor

Si decides descenderlo te parecerá que estás entrando en las fauces de un animal prehistórico. Con sus 4160 metros en su punto más profundo, el cañón del río Colca es una cicatriz que dejó la formación de los Andes hace millones de años. Sólo asomarte al abismo te dará soroche. Es el segundo más profundo del mundo, dos veces más grande que el Gran Cañón del Colorado.
El valle que lo abriga es un museo de biodiversidad natural y geológica lleno de cascadas, lagos, termales, cuevas o géiseres que se extiende unos 200 kilómetros. “El valle de las maravillas””, así lo llama el premio Nobel Mario Vargas Llosa.

Puedes comenzar el recorrido en Cabanaconde o Chivay, dos pueblos a los pies del nevado Mismi, donde el Amazonas nace de un hilillo de agua. Desde allí las terrazas agrícolas que siembran de verde el paisaje desaparecen poco a poco mientras brotan paredes de vértigo. No te detengas, te estás acercando a la garganta del valle. Y mientras avanzas, te despides del perfil nevado de volcanes como Ampato, donde encontraron a la momia Juanita, una adolescente del siglo XV que parecía una habitante actual.
En el trayecto te acompañarán algunos ciclistas o grupos que sueñan descender los rápidos del río Colca, de los mejores del continente. También verás a los escasos habitantes de la zona bajando y subiendo el abismo como si fueran de compras al supermercado.

Vuelo del cóndor

Colca viene de las palabras Collaguas y Cabanas, dos comunidades que habitaron el valle. Antes estuvieron los Wari, quienes dividieron la zona en terrazas de cultivo, y luego los incas. El valle siempre ha sido un lugar de tránsito. En la cueva de Mollepunku puedes ver dibujos de vicuñas o llamas pintadas por cazadores de hace seis mil años.
Las vicuñas y llamas siguen ahí, las puedes acariciar mientras descansas. Eso sí mantente atento, hay otro habitante milenario que en cualquier momento te cubrirá con su sombra: el cóndor. El Valle del Colca es su territorio, el lugar ideal para desplegar sus enormes alas y rozar el firmamento en segundos. En pocos lugares lo podrás ver de cerca.

Malata

Quienes no descienden al Colca se asoman al mirador de Cruz del Cóndor, un balcón de 3700 metros de altura. Desde allí se tiene una de las mejores vistas del desfiladero y del vuelo de los cóndores.
Te acercas al final, el cañón te engulle en sus sombras. Si miras hacia arriba, el cielo se ha convertido en un hilillo azul. Ya en el río puedes unirte al rafting o seguir el cauce hasta pueblos de la colonización española que aún sobreviven: San Juan de Chuccho, Corñishua y Malata.

Al lecho del Colca solo se puede acceder caminando o a lomo de mula. Te sentirás en una dimensión perdida, en el centro de la Tierra de Julio Verne, pero sin dinosaurios que te persigan. Ahora solo te queda un camino: regresar. Antes pásate por el oasis, un campamento con piscinas termales, comida y cerveza, fundamentales para subir con dignidad las 3 ó 4 horas de ascenso que te quedan por delante.

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