Mallorca, la isla continente

Roadtrip de Palma a Pollensa

Aterrizas con la curiosidad de encontrar el encanto que ha enamorado a personajes como Chopin, Madonna, Churchill o Catherine Zeta-Jones. Mallorca, la isla mayor del archipiélago balear, es en sí misma un continente de lugares paradisíacos.

Autor: Juanjo Robledo

Sierra de Tramuntana

Palma y su perfil erizado de edificios modernistas, tan mágicos como la Barcelona de Gaudí, te guiñará el ojo desde el enorme y policromático rosetón de su catedral. Durante muchos años permaneció cerrado, así como las vidrieras del templo. No tenían luz y mucho menos color hasta que llegó Antoni Gaudí, el arquitecto que había transformado a Barcelona con su imaginación. Así es Mallorca, inspiradora. Atravesarla en coche es la mejor manera de encontrar su magia. El rumbo te lo marcará la Tramuntana, la columna vertebral de la isla, una sierra agreste de profundos acantilados a los que se aferran calas y pueblos únicos como Andratx, Valdemossa o Soller.

Bordeando la costa turquesa, donde Hollywood ha filmado películas, que luego se confunden con el Mar Egeo, te recibirá Calvià. Allí es donde comienza la Tramuntana y los recovecos donde los antiguos honderos mallorquines repelían a los romanos a punta de piedra. En una de sus calas te encontrarás uno de los mejores secretos de la isla: la playa de El Mago. Su nombre viene de la película The Magician con estrellas como Anthony Quinn y Michael Caine, una historia que se desarrolla en Grecia cuando en realidad es Mallorca.

Mirador de Colomer

De regreso a la carretera te espera Andratx, el enjuto pueblo donde suelen veranear los presidentes españoles o la modelo alemana Claudia Schiffer. Hoy es un territorio apacible y cubierto de jubilados alemanes e ingleses. A partir de allí, la sierra ofrece calas con playas blancas para olvidarse del mundo, a las que se accede por caminos zigzagueantes o escalas de piedra.

Más adelante, brota el verde, las flores de pueblos románticos como Valldemossa. Allí el pianista Chopin y la escritora George Sand se enamoraron mientras la tuberculosis acababa con el compositor polaco. Siéntate en un forn -un horno para pasteles mallorquines– y pide un café con una ensaimada, un azucarado bollo con forma de caracol. Mientras te dejas contagiar por la tranquilidad de Valldemossa, es posible que veas a una mujer fibrosa que te resulte familiar. Sí, es Madonna, la isla le encanta y suele pasear de incógnito.

Catedral de Palma

Sigue el zigzagueante camino. En la sierra te esperan dos de los poblados más pintorescos de Mallorca: Deià y Soller. El primero, trenzado de naranjos y olivos que se asoman al Mediterráneo, siempre ha atraído a escritores como Robert Graves, el inglés que describió la vida de los césares. También ha sido un imán para actores y estrellas de rock como Mick Jagger o Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, quienes tienen una mansión con vistas al mar.
En Soller, debes bajarte del coche y subirte al centenario tranvía de madera que une el puerto con el pueblo por un campo lleno de flores de azahar. Entre edificios modernistas, se puede subir a La Torre Picada, una torre de vigilancia desde la que se puede observar toda la bahía. Unos kilómetros más adelante tocarás el final de la isla: Pollensa, un mirador de acantilados profundos y aguas perpetuas donde el estadista Winston Churchill o la escritora Agatha Christie acudían en busca de inspiración.

Antes de regresar a Palma, puedes pasar la noche en pueblos como Alcudia, antiguo puerto fenicio que ahora es escenario de bodas. En una tasca déjate sorprender con una copa de licor de hierbas, verde como un duende envasado, y un trozo de pan con sobrasada, un oloroso embutido de pimentón rojo que te resucitará con sólo mirarlo.
A la mañana siguiente, atravesando el fértil corazón de la isla, El Pla, llano y salpicado de casas señoriales donde se produce vino, comenzarás a ver el perfil del castillo Bellver (bella vista). Desde sus torreones se tienen algunas de las mejores vistas de Palma, su bahía serena y su enorme catedral. A lo lejos la Seu te volverá a guiñar el ojo.

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