La otra ribera de la Riviera Maya

Opciones más allá del circuito tradicional

Detrás de los resorts, de Playa del Carmen o de Tulum, existe otra Riviera Maya menos conocida. Hay más de 6 mil cenotes, cuevas, ruinas mayas, o playas solitarias donde desovan las tortugas.

Autor: J. Tangarife

Tortuga Akumal

En los 140 kilómetros de longitud que tiene la Riviera Maya parece que ya está todo visto. Del ambiente festivo de Playa del Carmen a las bucólicas ruinas de Tulum. La postal va y viene pero, detrás de ella, se extiende un mundo poroso de cuevas, playas solitarias, pirámides y parques para sentirte un explorador. Sólo tienes que desviarte para ver más allá de los resorts.

Unos kilómetros después de Playa del Carmen ya te encuentras con un tesoro natural: Akumal. A sus tranquilas arenas blancas llegan tortugas de todo el mundo a desovar. Y, un poco más adelante, encontrarás dos de las mejores playas de la Riviera: Xcacel y Xcacelito. Allí descubrirás dos bahías limpias para hacer esnórquel entre peces de colores. Al norte está el Arrecife de Puerto Morelos, que forma parte de la segunda barrera coralina más grande del mundo. Si viajas con niños es un lugar ideal para que se sientan dentro de un acuario por su escasa profundidad.

Playa Xcacel

Al sur, justo en el límite de la Riviera, brota una alfombra verde digna de una aventura de Indiana Jones: Sian Ka’an. Esta reserva natural, que en maya significa Donde nace el cielo, no sólo es Patrimonio de la Humanidad sino que es un lugar que combina biodiversidad con misticismo. Si decides visitarla te verás en un mundo prehistórico lleno de monos araña, tapires o cangrejos gigantes, así como cenotes, lagunas y masas de árboles de 30 metros de alto conocidos como petenes.

En la costa de Sian Ka’an, con las mismas playas perfectas y el azul eléctrico de la Riviera, encontrarás sitios para acampar alejados del ruido. Allí puedes acariciar otro de los espectáculos de la zona: la Vía Láctea dibujada en la noche del Caribe.

Muyil

Pero, sin duda, el rasgo más especial y único de la Riviera Maya son los más de 6 mil cenotes, piscinas de agua dulce, que descansan en su subsuelo. Como si fuese un gran queso Gruyère, la costa está llena de laberintos, cientos de kilómetros sin explorar que han servido para abastecer de agua a los mayas antiguos y a los actuales. Algunos ya son famosos como el parque de Dos Ojos, un sistema de cuevas donde puedes bucear bajo una cúpula de estalactitas y estalagmitas.

Sin embargo, hay miles cenotes por descubrir. En el triángulo que forman Playa del Carmen, Tulum y la ciudad maya de Cobá, tienes varios para elegir: Azul, Taj Mahal, Chac Mool o Chi Kin Ha. Y, si le preguntas a algún nativo, siempre te describirá un cenote más mágico e inaccesible que está esperando que alguien lo publique en las redes sociales por primera vez. Igual puedes ser tú.