Fachadas en Bogotá

Vivir el último día del año en Bogotá

Exploramos la noche más emotiva de los colombianos

Si hay una celebración en la que se puede ver el alma de Colombia, esa es el fin del año. Todo desemboca allí como si no hubiese un mañana: música, alegría, abrazos. Bogotá parece un cuento de Navidad repleto de luces de colores.

Autor: Juanjo Robledo

Torre Colpatria. Crédito: Sebastian Seck/Unsplash

El torbellino festivo lo sentirás desde el aeropuerto. De todos los rincones salen cumbias, salsas o vallenatos que le cantan al año viejo. “Me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra”, este estribillo te perseguirá a donde vayas. Así como el olor a incienso y palo santo para ahuyentar las malas energías que impregna el aire de la ciudad.

A lo largo de la carrera séptima no sólo verás la prisa de la gente para llegar a casa, sino las diferentes pieles de Bogotá: de su centro colonial, que recuerda a un pueblo andaluz, a sus barrios de casas inglesas que parecen un decorado de Harry Potter. La gente corre, sube a los autobuses y taxis, quieren llegar pronto para lucir el “estrén”, es decir, la muda de ropa nueva para empezar el año con pie derecho.
Hay quienes se quedan en su barrio con música, baile y comilona, o se dirigen a los restaurantes y bares del Parque de la 93, la Zona Rosa o la Zona T, ambos en el norte de la ciudad, que organizan fiestas hasta el amanecer. Locales como Andrés carne de res, donde puedes terminar bailando sobre las mesas, o Gaira Café, del cantante Carlos Vives, están entre las opciones más populares.

Plaza Bolívar

Pero lo que está de moda desde hace varios años es celebrar desde las alturas. La mayoría de los hoteles de cinco estrellas organizan la noche de San Silvestre con una cena o buffet especial en sus terrazas. Siempre hay música en vivo, alguna orquesta de renombre y sesiones de Dj’s. En el menú verás platos internacionales pero también delicattessen locales: empanadas y buñuelos de maíz, arepas de huevo o carimañolas (croquetas de yuca).
Después de varios bailes y aguardientes (licor anisado) es probable que te pregunten si llevas lencería amarilla. No es una insinuación. Los colombianos suelen usar prendas amarillas para recibir el año, creen que atrae buena suerte.

Skyline de noche

Desde las terrazas las vistas de Bogotá te impresionarán. A 2600 metros de altura está ciudad de 8 millones de habitantes es un chip infinito de luces que se extienden por la sábana. Solo hay un punto que brilla en los cerros, la basílica de Monserrate. Allí deberías subir el 1 de enero como lo hacen los bogotanos, ya sea caminando o en teleférico, y tomarte un desayuno santafereño con chocolate, queso fundido y tamal.
A medida que se acerque la medianoche aumentará el realismo mágico. En las calles verás personas arrastrando maletas. No son turistas, son colombianos que siguen la tradición de dar una vuelta a la manzana para viajar todo el año.
A lo lejos como un faro verás la Torre Colpatria, uno de los edificios más altos del país, proyectando en su fachada el conteo de los últimos minutos. Cada año en su base se organiza un multitudinario concierto de música tropical.

Cuando escuches que faltan cinco minutos para las doce aférrate, un torbellino de emociones te arrastrará. Tomarás las uvas, te abrazarán, te besarán, caerá una lluvia de fuegos artificiales sobre ti y volverás al baile. No parece el fin del año sino el fin del mundo. Menos mal que te ha pillado en Colombia.

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