Por qué Arequipa tiene que ser tu próximo destino

Sacamos los colores a la Ciudad Blanca

Una momia inca, tres volcanes nevados y una catedral que, según la leyenda, se equivocó de ciudad. Hay muchas razones para visitar Arequipa. Estas son algunas de ellas.

Autora: Eugenia Fernández

Misti, Chachani y Pichu Pichu son los culpables de que Arequipa reluzca. El sillar, la piedra volcánica de color blanco que da forma a (casi) todas sus fachadas, se obtuvo de las erupciones de estos volcanes, dos de los cuales –Misti y Chachani– continúan potencialmente activos. Con sus picos nevados y su imponente altura, complementan la panorámica de Arequipa que ofrece el Mirador de Yanahuara, uno de los principales atractivos de la ciudad. Sus arcos también fueron construidos en sillar, cerrando así el círculo (volcánico).

El sillar resplandece orgulloso en las mansiones coloniales y en la catedral. Se cuenta que la belleza de esta se debe a que su diseño estaba previsto para otra ciudad más importante, pero que por una confusión con el envío de los planos, acabó construyéndose en la Ciudad Blanca. Tras sufrir varios terremotos e incendios y ser reconstruida en otras tantas ocasiones, su estilo neoclásico sigue sorprendiendo a todo el que visita la Plaza de Armas. El explorador francés del siglo XIX, Alfred Grandidier, llegó a definirla como “el más importante monumento construido en Hispanoamérica después de la independencia”.

Una cruz señaló el lugar de construcción de la catedral el día en que se fundó la ciudad, el 15 de agosto de 1540, y la situó justo en su corazón, la Plaza de Armas. Rodeada de portales, esta plaza continúa siendo motivo de orgullo para los arequipeños, que vieron como la Unesco reconocía su centro histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2000. Entre los principales motivos estaba el sillar, por supuesto, pero también las técnicas utilizadas para construir los edificios, arcadas y bóvedas que rodean la plaza y que ejemplifican la fusión entre las formas de trabajar de españoles, indígenas y criollos.

Muchos de estos edificios coloniales se han convertido en museos y hoteles. Un ejemplo son las opciones Select y Premium de Casa Andina. Ambas se sitúan en las cercanías de la principal plaza de la ciudad. Desde la terraza del hotel Casa Andina Select Arequipa Plaza se obtienen unas vistas únicas del centro histórico, mientras que Casa Andina Premium Arequipa ofrece una atmósfera histórica y señorial. También pueden visitarse la Casa Goyeneche y la Casa del Moral, que permiten apreciar muebles coloniales, obras de arte y, sobre todo, el desarrollo arquitectónico de la ciudad a lo largo de la historia. La primera fue construida en el 1588 y perteneció a la familia Goyeneche. La segunda, del siglo XVIII, recibe su nombre del árbol que crece en el patio principal.

Otra de las casonas imprescindibles que visitar es la de Mario Vargas Llosa, donde una exposición interactiva recorre la vida del Premio Nobel de Literatura en su casa natal. Y el Museo de los Santuarios Andinos de la UCSM, que aunque no destaque por su arquitectura colonial, es el hogar de la momia Juanita, “la bella niña del volcán Ampato”, sacrificada por los incas hace más de 500 años, según la creencia popular. Está considerada una de las momias mejor conservadas del planeta, y lo es gracias al hielo del volcán, que la protegió a 6288 metros de altura hasta que fue descubierta.

En la ciudad del sillar tampoco todo es blanco. El Monasterio de Santa Catalina, una pequeña ciudadela amurallada que acogía a las hijas de las familias más ricas de la ciudad, presume de muros rojizos, arcos azulados y jardines verdes en sus numerosos claustros. Es uno de los monumentos religiosos más importantes de Arequipa por su historia –se construyó en 1580– y por los tesoros que acoge en su pinacoteca, donde se exponen obras de la Escuela Cusqueña y otros estilos desarrollados durante el virreinato.

La gastronomía arequipeña también es contraria a su apodo, colorida y apetitosa, con platos como el rocoto relleno, el chupe de camarones –con leche, huevo y papa amarilla– o el queso helado. Las picanterías son los restaurantes tradicionales de esta parte del Perú. En ellos no faltan el picante, la chicha ­–bebida fermentada típica de los Andes– y la cocina de leña. Aquí todo se cocina a fuego lento, como el sillar. No se nace en vano al pie de un volcán”, que dicen los arequipeños.

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