Músico con guitarra. Crédito: Alexandre St-Louis/Unsplash

Buenos Aires: la capital del rock está en el sur

Un sonido que ha marcado marcado a varias generaciones

Hay una canción que sobrevuela las ciudades latinoamericanas como una banda sonora: ‘En la ciudad de la furia’, del grupo de rock argentino Soda Stereo. La banda se inspiró en Buenos Aires, pero su impacto se extendió por el continente. La capital del rock no está en el norte, sino en el sur.

Autor: Juanjo Robledo

Concierto en Buenos Aires

Buenos Aires vive y muere por el rock. Es como el fútbol o el tango. En sus avenidas parisinas puedes escucharlo todo el tiempo, rasgando una guitarra con letras en español: “me verás volar por la ciudad de la furia donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todo”, describe la canción de Soda Stereo. En el vídeo oficial un hombre alado sobrevuela una Buenos Aires vacía y en blanco y negro.

Nombres como Gustavo Cerati, Fito Páez, Andrés Calamaro, Charly García, Miguel Mateos, Fabiana Cantilo, Spinetta, León Gieco, Sandro, Sui Generis, Los Fabulosos Cadillacs o Gustavo Santaolalla, entre otros, que han influenciado a muchos músicos de la región y de España, han pateado las calles bonaerenses buscando inspiración. Y su rastro todavía lo puedes encontrar en lugares míticos como la sala Luna Park, donde un escualido Fito cantaba en 1985: “quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.
Dos años después haría lo mismo con otra rabiosa canción: ‘Ciudad de pobres corazones’, compuesta después del asesinato de su abuela y su tía.

También la música sigue presente en el estadio del River Plate, templo del fútbol y del rock, donde el 20 de septiembre de 1997 más de 65.000 personas se reunieron para escuchar el último concierto de Soda Stereo.

En el mismo barrio, Belgrano, puedes acercarte a la esquina Soda Stereo y ver la casa donde tres jóvenes de crestas ‘new wave’ ensayaban un estilo que los hizo ser la banda más emblemática del país y de América Latina.
En 2010, su líder, Gustavo Cerati, sufrió un ictus y cuatro años después falleció. Su legado y su temprana muerte (55 años) han provocado una peregrinación inusitada de seguidores que quieren darle el último adiós. Para llegar a La Chacarita, la desvencijada y bella necropolis porteña donde descansa el músico –y también Gardel—, tienes que tomar el metro y bajarte en la estación Federico Lacroze. En el número 2912 alguien estará susurrando una canción.

Estadio del River Plate

Los primeros grupos de rock argentinos hacían covers anglosajonas hasta que en 1956 Eddie Pequenino decidió cantar un tema en español: ‘Rock con leche’. Más adelante aparecerían cantantes como Sandro o Palito Ortega, influenciados por Elvis Presley pero que crearon su propio estilo. Por eso entre la arquitectura europea de la calle Corrientes vas a ver a un hombre de patillas y esmóquin frente al Gran Teatro Rex. Es una estatua de Sandro, el Elvis latino que con un quiebro de cintura hacía suspirar a medio continente.

Pero no fue hasta 1967 que nació el primer éxito del rock argentino: ‘La balsa’, de Los Gatos. Concretamente, se compuso en el baño de la pizzería La Perla del Once, en el barrio Valvanera. La pizzería sigue en pie y por allí siguen pasando los músicos de antes y de ahora para calmar el hambre e intercambiar ideas.

Las crisis que ha vivido el país han sido un acicate para el rock. Durante el conflicto por las islas Malvinas con Reino Unido en los años ochenta, se prohibió la música en inglés. Una de las consecuencias fue una explosión de creatividad de los grupos locales que terminaron por afinar su estilo.

Concierto

De esa época conserva su lenguaje metafórico y carnavalesco. “Me dicen el matador, nací en Barracas. Si hablamos de matar mis palabras matan”, canta a pleno pulmón Vicentico, el líder de Los Fabulosos Cadillacs, entre un ritmo de trompetas y batucadas que se ha convertido en un himno en eventos mundiales tanto como el ‘We are the champions’ de la banda Queen.

No se sabe quién fue el matador, pero puedes caminar hasta el lugar donde nació: Barracas, un barrio porteño que ejemplica los cambios de la ciudad, desde las barracas donde se guardaba carne hasta las mansiones burguesas.

Para asomarte al rock actual debes sumergirte en las salas del barrio de Palermo: Niceto, Groove o Makena, la Trastienda Club de Monserrat o los teatros Flores y Vorterix, considerados templos del rock. Ahora bien, ya no hay rock con leche como en sus orígenes. La cumbia, el tango, la bossa nova, el jazz o el reguetón se han tomado al rock argentino. Y él se siente vivo.

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