Piramide de Kukulkan por la noche

La serpiente mágica de Chichén Itzá

Recibe la primavera en la pirámide de Kukulkán

Tambores, bailes y un dios con forma de serpiente. Cada primavera, cientos de personas se reúnen en la pirámide de Kukulkán para celebrar un fenómeno que lleva sucediendo miles de años.

Autora: Margarita Beltrán

Sombra de la serpiente en Kukulkán
Crédito: jamesabbott1963 / Visualhunt.com

 

Dos veces al año, cuando el día y la noche están en equilibrio, la pirámide de Kukulcán, en la zona arqueológica maya de Chichen Itzá, es visitada por un dios con forma de serpiente emplumada. Según la leyenda, durante los equinoccios de primavera (20 y 21 de marzo) y otoño (22 y 23 de septiembre), Kukulcán, dios del viento y el agua, regresa a la tierra para traer buenas cosechas y salud antes de entrar en el agua sagrada, bañarse en ella y continuar el camino hacia el inframundo. Este acontecimiento reúne a cientos de personas frente a esta pirámide para presenciar ‘el descenso de Kukulkán’, una ilusión de luz y sombra que crea siete triángulos sobre una de las escalinatas de la pirámide, haciendo aparecer así una gigantesca serpiente.

La pirámide de Kukulcán, también conocida como El Castillo, es una de las siete maravillas del mundo moderno. Situada en Chichén Itzá –antigua capital de los mayas de Yucatán– es la construcción más grande de este complejo arqueológico, con una base de 53,3 metros. Más allá de sus dimensiones, la magia de esta pirámide reside en la precisión de su arquitectura, que refleja la fascinación de los mayas por las matemáticas y la astronomía.

La pirámide fue construida para ser una representación física del calendario maya. Las nueve etapas de la pirámide, divididas en dos por una escalera a cada lado, representan los dieciocho meses del año, mientras que los peldaños de sus cuatro costados suman 365 pasos y representan los días. Su orientación no es casual, está calculada para crear el fenómeno del ‘descenso de la serpiente emplumada’. Según la cosmovisión maya, la serpiente representa la unión entre lo divino y lo humano. Si observas la naturaleza con ojos mayas, descubrirás que el sol nace todos los días para recorrer la tierra, morir y luchar contra los dioses del inframundo para poder renacer de nuevo.

La sombra de la serpiente emplumada permanece 45 minutos, después disminuye la velocidad de descenso por la pirámide y termina desapareciendo. Contemplar este fenómeno durante el equinoccio es la excusa perfecta para disfrutar de la zona arqueológica de Chichén Itzá. Entre sus tesoros podrás ver el juego de pelota más grande de Mesoamérica, un jaguar adornado con jade y a los ‘aluxes’, los duendes mayas encargados de los sacrificios, que todavía se conservan en el gran Templo de los Guerreros.

Tras la inmersión cultural, disfruta de la acuática. Kukulkán se levanta de forma equidistante entre cuatro cenotes situados en los cuatro puntos cardinales. En 2014 se descubrió el quinto, ubicado justo debajo de la pirámide y al que todavía no se tiene acceso. De estos cenotes, Ik Kil, a 5 kilómetros de Chichén Itzá, es el más visitado. Una gran piscina de casi 40 metros de profundidad salpicada por pequeñas cascadas y plantas que cuelgan alrededor del borde de entrada. Eso sí, ten cuidado por dónde nadas, estos cenotes son la puerta de entrada al inframundo.