Crédito: Victoriano Izquierdo/Unsplash

El sur de España tiene un color especial

Ruta folclórica por Andalucía

Cuna del flamenco, de la Alhambra y de las mejores fiestas del país, Andalucía es puro arte. Recorremos la región en busca de su famoso ‘duende’.

Autora: Eugenia Fernández

Se dice que Andalucía “tiene duende”, aunque nadie sepa muy bien lo que significa. Para la Real Academia de la Lengua Española, es un “encanto misterioso e inefable”. Un arte “que todos sienten y ningún filósofo explica” según las palabras del poeta Federico García Lorca, andaluz y profeta de su tierra. En una conferencia sobre el tema recordaba lo que un viejo guitarrista le dijo una vez: “el duende sube por dentro desde la planta de los pies”. Con suerte, tú también lo sentirás al recorrer las calles de Granada, Málaga, Sevilla y Córdoba en esta ruta por las tradiciones andaluzas.

Atardecer en Granada
Crédito: Victoriano Izquierdo/Unsplash

Comenzamos en Granada, la ciudad de La Alhambra y el tapeo. Además de visitar la ciudadela árabe y los deliciosos jardines del Generalife, merece la pena perderse por el barrio del Albaicín y aventurarse por sus cuestas para ver atardecer desde el mirador de San Nicolás. Es al ver caer el sol tras La Alhambra cuando uno comprende las palabras grabadas en su Alcazaba: “no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”.

Aunque no es verdad: el que no ve, al menos puedes escuchar (y sentir) la pasión en las zambras del Sacromonte, como se conoce a las cuevas utilizadas como tablaos flamencos en este antiguo barrio gitano. En estas cuevas pintadas de cal, entre chumberas y recovecos, habita el ‘duende’ que enamoró a Lorca y a tantos otros. La música parece salir del interior del monte Valparaíso, donde se encuentra este vecindario considerado una de las cunas del flamenco. Y no queda más remedio que unirse a la fiesta. Después, con el compás aún metido en el cuerpo, se pueden coger fuerzas con las generosas tapas que sirven en cualquier bar de la calle Navas o en los alrededores de la catedral.

Málaga, nuestra siguiente parada, también tiene mucho arte. Este se encuentra expuesto en sus museos, como el Museo Picasso –el pintor era malagueño– o el Centre Pompidou Málaga, pero también fuera, en la plaza de toros de La Malagueta, en su teatro romano o en mercados artesanales como el del Soho. El recorrido continúa siguiendo la línea de la costa, buscando la luz de la Costa del Sol en alguno de sus pueblecitos blancos. El viaje puede llevarnos a cualquier chiringuito para probar el famoso ‘pescaíto frito’, o a uno de los puertos más lujosos de Europa, Puerto Banús, en Marbella, el refugio de la ‘jet set’.

Bailarina en la Plaza de España de Sevilla
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En el siglo XVI el puerto de la ‘jet set’ estaba en Sevilla. Entonces era una de las ciudades más importantes del mundo, puerta de entrada de las riquezas traídas de América y nexo comercial con el resto del Viejo Continente. De esa época datan algunas de sus monumentos más importantes, como La Giralda, la torre campanario de la catedral, a la que se añadió el actual cuerpo cristiano convirtiéndola en la torre más alta del mundo (entonces) con 97,5 metros de altura. El cuerpo musulmán data del siglo XII, como su catedral, que pasó de ser la Mezquita Mayor de Sevilla al templo gótico más grande del mundo en apenas cuatro siglos.

La torre campanario, antes minarete, es uno de los símbolos de esta ciudad construida a orillas del Guadalquivir, pero no el único. La Torre del Oro, llamada así por los reflejos dorados de los azulejos que en su día la recubrieron o los Reales Alcázares, cuyos jardines sirvieron de escenario para la serie ‘Juego de Tronos’ también son un reflejo del rico patrimonio de la ciudad. Aunque la verdadera riqueza de Sevilla va más allá de sus monumentos. El verdadero ‘duende’ callejea por el barrio de Triana y sale en procesión durante la Semana Santa. También durante la Feria de Abril, en la que se pone sus mejores galas para ver el “alumbrao” y zapatea hasta altas horas de la noche en alguna de sus casetas. Ese es el verdadero patrimonio de Sevilla.

Mezquita-Catedral de Córdoba

En Córdoba también pueden presumir de patrimonio inmaterial, en este caso reconocido por la Unesco. Su Fiesta de los Patios tiene lugar todos los años a principios de mayo. Durante doce días, los patios interiores de las viviendas se llenan de plantas y flores de colores, convirtiendo la ciudad en un escenario de postal. El colorido festival comparte el título de Patrimonio de la Humanidad con el centro histórico de Córdoba, la ciudad califal de Medina Azahara y la Mezquita-Catedral, donde se encuentra uno de nuestros patios favoritos de la ciudad: el Patio de los Naranjos.

Una vez finalizado el viaje, nos pasa como al viejo guitarrista amigo de Lorca: tampoco sabemos expresar con palabras lo que significa tener ‘duende’. Quizá sea ese “color especial” que según la canción tiene Sevilla, pero que se contagia por todas las ciudades del sur de España. Flamenco rojo pasión en Granada, los pueblos blancos y el azul mediterráneo de la Costa del Sol, sin olvidar los patios de Córdoba y los dorados atardeceres sevillanos. Definitivamente, Andalucía no tiene un color especial: los tiene todos. Y mucho ‘duende’, claro.

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