Playa de Los Muertos, Puerto Vallarta

Tradiciones ‘cool’ en Puerto Vallarta

Descubre el encanto histórico del destino de moda en México

Acaba de cumplir sus primeros cien años, pero Puerto Vallarta está más joven que nunca. Descubre los secretos de esta ciudad entre el mar y las montañas de la Sierra Madre.

Autora: Eugenia Fernández

‘El pintor de México’ nació en Puerto Vallarta. Es el apodo que el expresidente mexicano Luís Echeverría Álvarez le puso a Manuel Lepe, cronista a golpe de pincel de la vida de los vallartenses desde que tenía siete años. Sus murales de estilo ‘naif’ retrataban el día a día de esta ciudad a orillas del Pacífico antes de que se convirtiera en uno de los destinos turísticos favoritos de México: hombres y bueyes arando, mujeres lavando en el río, los niños jugando en la orilla… Sus coloridas obras pueden verse hoy por toda la ciudad, en las galerías de arte, en el Ayuntamiento o en el malecón frente al Museo Naval. Otras cuelgan en los salones de Elizabeth Taylor, Ronald Reagan y hasta de la reina de Inglaterra, que tiene una copia de uno de sus cuadros en el castillo de Windsor. La pintura de Lepe es la mejor metáfora de Puerto Vallarta. Ambas son sencillas y sin pretensiones, pero han conquistado a medio planeta.

Malecón de Puerto Vallarta

La actriz Selena Gómez es una de las últimas ‘celebrities’ que ha elegido las playas tranquilas de Puerto Vallarta y la Bahía de Banderas para pasar unos días de ‘relax’. En el pasado eran estrellas de Hollywood como Richard Burton o Elizabeth Taylor los que paseaban por las calles empedradas de su centro histórico. La entonces pareja se enamoró de Puerto Vallarta durante el rodaje de ‘La noche de la iguana’ y llegaron a comprar una casa, hoy convertida en hotel ‘boutique’. El director de la película, John Huston, también encontró en Puerto Vallarta su refugio, concretamente en la playa de Las Caletas. Una estatua rinde homenaje al genio que atrajo los ojos del mundo hasta ‘la otra’ Riviera mexicana.

Algo menos concurrida que Cancún y Riviera Maya, Puerto Vallarta tiene su propio encanto y su propia historia. Surgió como puerto seguro para los barcos que navegaban por el Pacífico y como apoyo de los pueblos mineros de las montañas en la desembocadura del río Cuale. Era conocido como Las Peñas y durante mucho tiempo vivió del transporte marítimo de metales preciosos y de la agricultura. Después llegó Hollywood. Sus playas, aún en blanco y negro, llamaron la atención de periodistas y curiosos que la convirtieron en el destino más deseado de México. Hoy es el tercer puerto más importante del país y una de las ciudades más importantes del estado de Jalisco. Y continúa siendo un paraíso para quienes la visitan.

Taller de Manuel Lepe
Credito: Manuel Lepe

Son sus atardeceres y sus playas, pero también el Malecón lleno de palmeras y esculturas, y el anfiteatro Los Arcos, donde se organizan eventos culturales y hasta clases de yoga mirando al mar. Es en este paseo de casi un kilómetro de largo donde tiene lugar el espectáculo de los Voladores de Papantla, un rito religioso originario de Mesoamérica en el que cuatro hombres-pájaro danzan colgados de un mástil mientras otro toca una melodía en honor al sol. La ceremonia forma parte de la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco y en Puerto Vallarta tiene lugar todos los días a las seis de la tarde.

Casas tradicionales de Puerto Vallarta

El centro, siempre animado, se descubre mejor paseándolo. Las tradicionales casas de colores y la parroquia de nuestra Señora de Guadalupe conviven con murales de arte urbano, galerías de arte y puestos ambulantes donde disfrutar de ‘antojitos’ típicos mexicanos, como los chiles rellenos o las dulces palanquetas. El quiosco de la Plaza de Armas es otro de los escenarios preferidos por los vallartenses para sus celebraciones. Aparte de las Fiestas Patrias, es habitual ver conciertos, bailes, obras de teatro y exposiciones durante todo el año, además del Danzón de los domingos, un improvisado baile popular con música en directo y mucho ritmo en la propia plaza. Una escena propia de los cuadros de Manuel Lepe.