Violinista en las calles de Viena Crédito: Jacek Dylag/Unsplash.com

Viena es un lujo

Caprichos imperiales en la capital austriaca

Música de Mozart, tesoros hechos a medida y los cafés más exclusivos de la ciudad a orillas del Danubio. Sibaritas del mundo, esta es vuestra casa.

Autora: Eugenia Fernández

Hubo un tiempo en el que Europa miraba a Viena. Las mejores fiestas, los mejores músicos y los mejores banquetes se daban cita en la capital de Austria. Cubertería de plata, lámparas de cristal de Bohemia y una lista de invitados de lo más selecta llenaban los salones de sus palacios mientras el pueblo llano se conformaba con observar desde lejos las carrozas de los miembros de la corte. Hasta hoy.

Hoy cualquiera puede pasar casi hasta la cocina del Hofburg, el Palacio Imperial de Viena, y conocer en detalle cómo vivía la familia real. Recorriendo sus pasillos se puede contemplar la cama donde dormía el emperador Francisco José, alejada, muy a su pesar de la de su esposa la emperatriz Sissi o descubrir el particular gimnasio privado de la emperatriz. También visitar el comedor donde cenaban en familia cada domingo –era obligatorio para todos los presentes en Viena, solo podían faltar en caso de enfermedad y debían notificarlo de forma oficial– y el vestidor donde Fanny Feifalik, la peluquera personal de Sissi, elaboraba los recogidos de trenzas que tanta admiración causaban en la corte. Tanto tardaba en peinar su largo cabello, que la emperatriz aprovechaba ese tiempo para estudiar otros idiomas. Llegó a hablar siete diferentes.

Hofburg, el palacio imperial de Viena
Hofburg, el palacio imperial de Viena Crédito: © WienTourismus / Christian Stemper

 

Pero la experiencia ‘imperial’ vienense va más allá de asomarnos a la vida de lujo y comodidades de la casa real de los Habsburgo: hace falta experimentarla. Por eso, hay que buscar las tiendas con el sello ‘K.u.k.’ (‘Kaiserlich und königlich’, imperial y real), que distingue a los más de 500 proveedores que servían a la corte imperial. La zapatería Rudolf Scheer & Söhne era una de ellas. En su taller de la calle Bräunerstrasse todavía conservan las hormas de unos zapatos que en su día fabricaron para el emperador Francisco José I de Austria. Otros productos exclusivos incluyen las joyas de la casa Köchert –Sissi las utilizaba para adornar sus peinados–, los trajes a medida de Kniže o la exquisita porcelana de Augarten, fabricada y pintada a mano.

Es normal que después de una tarde de ‘shopping’ se abra el apetito. Siguiendo los pasos de la emperatriz, hay que acudir a la confitería Demel (también con el sello imperial) y pedir unas violas confitadas, las favoritas de su alteza. Aunque también puedes improvisar y dejarte tentar por las delicias de su vitrina. Inaugurada en 1768, Demel es toda una institución en la ciudad. Junto a Landtmann, Gerstner y el Café Central es uno de los principales representantes de la cultura del café de Viena, costumbre elevada a la categoría ‘patrimonio cultural intangible’ por la Unesco en 2011.

Dulces en una cafetería vienesa Crédito
Dulces en una cafetería vienesa Crédito: @ WienTourismus / Peter Rigaud

 

La tarta Sacher, de momento, no es Patrimonio de la Humanidad, aunque debería. La inconfundible textura de su bizcocho de chocolate y el frescor que le aporta la mermelada de albaricoque también tienen un origen ‘real’. Según cuenta la versión más aceptada, el aprendiz de cocina Franz Sacher inventó la receta en 1832 para sorprender a los invitados del príncipe von Metternich. Hoy no hace falta invitación de su majestad para degustarla en la cafetería del hotel Sacher, junto a la Ópera de Viena, aunque quizá haya que esperar algo de cola.

Y ya que estás junto a la Ópera, ¿por qué no aprovechar para ver un espectáculo en uno de los teatros más respetados en el mundo del arte? Abrió sus puertas en 1869 con la obra de uno de sus hijos predilectos, el ‘Don Juan’ de Mozart, y a su estreno acudieron, por supuesto, los miembros de la familia imperial. Fue en el Palacio de Schönbrunn, la residencia de verano de los Habsburgo, donde un joven Mozart dio su primer concierto frente a la emperatriz María Teresa de Austria. Tenía solo seis años, pero su música llenó por completo el Salón de los Espejos. Después vendrían muchos otros: en el Hofburg, en la Biblioteca Nacional, en el Teatro imperial de la corte…

Interior de la Ópera de Viena
Interior de la Ópera de Viena Crédito: ©WienTourismus / Paul Bauer

 

Casi todos los grandes compositores europeos pasaron por esta ciudad donde la música es considerada un tesoro. Por sus salones, conservatorios y teatros desfilaron Franz Joseph Haydn, Beethoven –cuyo 250 cumpleaños se celebra el año que viene–, Schubert, Johann Strauss (padre e hijo), etc. Viena, capital de la música clásica, se convirtió en la tierra prometida de los aspirantes a genios inmortales. La música era una invitada de honor a las fiestas de palacio. Y lo sigue siendo, solo que ahora todo el mundo puede acceder a ella.

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