Punta Sal

Punta Sal, el paraíso a la vuelta de la esquina

Una de las mejores playas del continente al alcance de tu mano

Toda familia peruana debería visitarla alguna vez en la vida. Su ecuación de playas doradas, aguas tibias, avistamientos de ballenas y delfines, atardeceres inolvidables, fogatas y raspadillas cumple las expectativas de un viaje redondo.

Autor: Juanjo Robledo

Avistamiento de ballena

Parece un espejismo que se abre a ambos lados de la Panamericana pero no lo es. Tumbes, el departamento más pequeño de la república y uno de los que concentran más diversidad, recibe a sus visitantes con un horizonte de paisajes marcianos y verdes.

De un lado encontrarás los parques naturales de Tumbes, Cerros de Amotape y el Santuario Nacional de los Manglares, que forman parte de la reserva de la biosfera de la Unesco y se unen a las selvas de Ecuador; y del otro, la aridez de una costa rugosa y naranja que se desgaja en playas de arena fina y aguas celestes como Máncora, Puerto Pizarro (puerta de los manglares), Zorritos (con sus aguas termales de Bocapán) y Punta Sal.

Esta última te espera después de atravesar la fiesta, gafas de sol, frisbis y ambiente surfero de Máncora, unos kilómetros más allá de las olas donde de repente el océano se convierte en una piscina turquesa y cálida.

Manglar de Tumbes

Allí puedes bucear, hacer snorkel, windsurf, darte un paseo en caballo o bordear la costa en barco mientras esperas la erupción de un delfin o una ballena jorobada, sobre todo de junio a noviembre. También puedes convencer a tu familia de subirse a la típica banana acuática y dejarte llevar por la adrenalina. De recompensa no olvides invitarles a una empanada de aire, un hojaldre azucarado típico del norte que suelen vender en la playa, o una refrescante raspadilla de chicha morada o maracuyá.

Para comer tienes cangrejos o pescados acompañados de yuca y plátano, tortilla de camarones o la especialidad de la zona: ceviche de conchas negras, una especie que se reproduce en los manglares. Estos bosques costeros forman un ecosistema único donde conviven el agua salada del mar y el agua dulce de los deltas de los ríos Tumbes y Zarumilla. Allí crecen estas particulares conchas de sabor intenso que puedes acompañar con un chinguirito, el trago típico de la región, una mezcla de leche de coco y pisco.

Casas de Punta Sal

Punta Sal es una lengua dorada de casi siete kilómetros en la que puedes tumbarte mientras tus hijos levantan castillos de arena. Pero no te duermas porque te pueden enterrar o incluso te puedes perder el paso de una familia de tortugas gigantes que van hacia Los órganos, un pequeño pueblo de pescadores a menos de media hora. En la cala El Ñuro, habitat natural de las tortugas, tu familia puede nadar con ellas mientras tomas todas las fotos y vídeos que se te ocurran. No lo olvidarán.

Esta costa es una autopista de biodiversidad marina, el lugar soñado para un pescador. Aquí se capturó el récord del mundo en pesca, un Marlin negro que pesó más de 700 kilos.

De regreso a Punta Sal y antes de ver una de las noches estrelladas más limpias que te puedas imaginar, debes acercarte a las polvorientas y escasas calles de un pueblo que recuerda a las películas de vaqueros. Allí en cualquier tienda te venderán un kit de fogata familiar. Es una costumbre en la playa y te dan todos los ingredientes para montarla, incluso palitos y masmelos para tostarlos en el fuego.

Allí, en familia, recordando los momentos del día, el viaje te parecerá perfecto.

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