Castillo de Karlstein

De Praga a Bohemia, la belleza de lo excéntrico

‘Road trip’ desde una ciudad de cuento a un bosque encantado

Todos sueñan con su belleza, pero pocos conocen la región que le rodea: Bohemia. Castillos, jabalíes, fábricas de cristal, capillas de huesos y litros de cerveza aguardan en la ruta.

Autor: Juanjo Robledo

Castillo de Carlos que lleva al castillo de Praga.

La leyenda cuenta que al inventor del reloj astronómico de Praga le sacaron los ojos para no copiar su belleza. Debajo del prodigio podrás esperar el desfile de marionetas que sale del artilugio cada vez que suenan las campanadas. Es el comienzo de una ruta por esta ciudad mágica y de los secretos de una región que puedes explorar en coche, Bohemia.

Desde la plaza del Barrio Viejo puedes dirigirte a pie al río Moldava y sus 18 puentes. El más importante, el del emperador Carlos IV, es un camino flanqueado de santos que cuentan la historia del pueblo checo.

Tanto Praga como toda la República Checa han sufrido varias metamorfosis como la que describía uno de sus escritores más emblematicos, Franz Kafka. Ahora el Museo del Comunismo comparte edificio con un McDonald’s y los Ferraris circulan junto a las sinagogas del que fuera el gueto judío más grande de Europa. Para entender mejor estos cambios debes cruzar el río hacia la cima del castillo, el mayor conjunto gótico del continente. Lo primero que encontrarás son puestos de salchichas en la isla de Kampa, donde los jóvenes se reúnen frente a los grafitis del muro de John Lennon. Subiendo por Malá Strana, el barrio cortesano sembrado de bares, se encuentra la casa del poeta Jan Neruda.

Y finalmente, el castillo. Desde el conjunto se divisa la postal perfecta de Praga con su manto de pátina, su fastuosa ópera, sus edificios modernistas o la moderna y acristalada Casa Danzante.

Atardecer en el río Berounka

Al salir de a ciudad comienza la planicie de la región de Bohemia salpicada de casas de campo donde los praguenses pasan el fin de semana. Después de media hora de trayecto en coche llegarás al castillo de Karlstein, un trasatlántico varado en una colina que simboliza la época de esplendor de los checos. El emperador Carlos IV ordenó su construcción para guardar las joyas del Sacro Imperio Romano Germánico, aunque ahora están en la catedral de San Vito en Praga.

Deja Karlstein para toparte con el Chateau Mcely, un palacio frecuentado por escritores como el estadounidense Mark Twain que se ha transformado en un hotel de lujo con spa y baños termales.

A pesar de los contrastes, de los jabalíes que a veces cruzan las carreteras o de los anuncios de conciertos de heavy metal, hay algo inalterable en Bohemia: su famoso cristal. Algunas fábricas, como la de Nizbor, se pueden visitar. Allí puedes contemplar el diseño de los dibujos y a los operarios que soplan el magma hirviente para dar forma al cristal.

Al lado discurre el río Berounka con villas donde podrás degustar la especialidad de la región: jabalí con confitura de arándanos y cerveza. Los checos inventaron la cerveza Pilsen y lo celebran bebiendo más de 165 litros al año, más que en cualquier otra nación.

La capilla de los huesos de Sedlec.

De regreso a Praga hay una parada obligada: Kutná Hora. Al acercarte a esta ciudad, patrimonio de la humanidad, verás asomar el espectacular techo flamígero de la iglesia de Santa Bárbara, un templo donde conviven imágenes de santos y mineros. En su antigua mina de plata se acuñaban las monedas del Imperio Austrohúngaro. De hecho, la palabra dólar viene ‘thaler’, una moneda que se acuñaba aquí, en Bohemia.

La ciudad guarda uno de los lugares más excéntricos de Europa: la capilla de los huesos en Sedlec con un osario de más de 40.000 personas. Su particularidad no es la cantidad, sino la forma en la que están dispuestos los huesos: lámparas con cráneos, pilas de omóplatos, columnas de cadera. En el siglo XII un abad viajó a Jerusalén y trajo un puñado de tierra santa que esparció en el cementerio. Toda la gente quería ser enterrada aquí.

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