El mundo subterráneo de Cusco

Los desconocidos laberintos incas

Debajo de Cusco hay otro Cusco. La ciudad guarda en su subsuelo otro mundo. Las chinkanas son laberintos subterráneos que conectaban el mundo terrenal con el mundo de los muertos. Ahora puedes visitar algunos de ellos.

Autor: Jotart

Templo del Sol

En la mitología inca el mundo está dividido en cuatro planos o dimensiones: el Kay Pacha (el mundo terrenal), el Hakaq Pacha (el más allá), el Hanan Pacha (el cielo) y el Uku Pacha (el subsuelo). Este último está saliendo a la luz en Cusco como un fantasma que reclama contar su historia.

Debajo de la antigua capital inca existe un rompecabezas de relatos y leyendas que los arqueólogos han ido juntando en los últimos años. La aparición de dos chinkanas (laberinto en quechua) cerca de la vecina fortaleza de Sacsayhuaman, ha confirmado las descripciones de un mundo subterráneo que hacían los cronistas del siglo XVI. “Una red de pasajes subterráneos, tan largo como las propias torres estaban todos conectados. El sistema era compuesto de calles y alamedas partiendo en todas las direcciones, todas con puertas idénticas. Era tan complicado que ni siquiera los más valerosos se aventuraban a entrar”, describía el inca Garcilaso de la Vega.

Sacsayhuaman

A las puertas descubiertas se les conoce como Chinkana Grande y Pequeña. Puedes acercarte a ambas e incluso adentrarte en sus túneles, de los cuales se han explorado varios kilómetros. Pero conviene que lo hagas con un guía. El propio Garcilaso cuenta que la gente se aventuraba con una cuerda que iban desenrollando a medida que avanzaban para no perderse. Otros ni siquiera se atrevían a entrar. Para los incas, el Uku Pacha era el mundo de los muertos y toda cueva o grieta, ya sea en la tierra o en el mar, es una puerta a esa dimensión.

Los arqueólogos creen que los túneles conectan Sacsayhuaman con el convento de Santo Domingo en Cusco, donde estaba el templo del oro, Coricancha. Antes de la llegada de los conquistadores, Coricancha fue el templo más importante de los incas dedicado al dios sol. Sus paredes estaban forradas con láminas de oro. Hoy todavía puedes ver muros originales de piedras unidas sin argamasa.

Kenko

Desde allí detente en el perfil de Cusco con sus iglesias, plazas y calles empedradas. La ciudad actual fue construida sobre la anterior, sobre los templos incas. Los arqueólogos creen que las chinkanas encontradas son una pequeña parte de un entramado de galerías, cámaras y mausoleos que extienden bajo el suelo de Cusco.

El Uku Pacha no termina ahí. A sólo dos kilómetros de Cusco puedes visitar Kenko, centro ceremonial inca que también tiene una red de laberintos subterráneos. Y, más allá, al Valle Sagrado y Machu Picchu. A poco más de un siglo de su descubrimiento, siguen surgiendo rincones inexplorados, cordones umbilicales que le unían con el Uku Pacha y posiblemente con Cusco. Garcilaso concluye su descripción de las chinkanas de Cusco diciendo que: “otros túneles se adentraban hacia el mismo corazón de los Andes, sin saber a donde conducían exactamente”.

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