Foto: Carlos Luján

Múnich para los amantes de la cultura cervecera

Los secretos del ‘pan líquido’ de Baviera

Aprender a pronunciar ‘bier’ en perfecto alemán es fundamental antes de comenzar una visita por la capital de Baviera. Prost!

Autora: Juana Reyes

“Como en el cielo no hay cerveza, la bebemos aquí”. Este dicho alemán da una idea de la admiración que se procesa a esta bebida en un país que tiene una media de consumo de 106 litros por habitante y año, según datos de The Brewers of Europe. Solo superados en el Viejo Continente por los checos (143 litros), los alemanes presumen de una cultura cervecera más que arraigada.

En Baviera, pedir una ‘bier’ es casi obligatorio en cualquier acto social o festivo. Y es que en esta región del sur del país se fabrica un 25% de toda la cerveza que se produce en Alemania. Estas cifras no solo se deben que sea el ‘land’ más grande del país, también tiene mucho que ver en ello la tradición local. La prosperidad de la cerveza bávara se remonta a principios del siglo XVI, cuando el duque Guillermo IV decretó la Reinheitsgebot o lo que es lo mismo, la “ley de la pureza de la cerveza”, que sentó las bases de la cultura cervecera en Baviera. La norma era clara, la famosa bebida solo podía tener tres ingredientes: agua, cebada y lúpulo.

Aunque ahora se permiten algunas concesiones como levadura y malta de trigo, en el restaurante Hofbräuhaus se puede disfrutar de la cerveza de la casa, la Hofbräu, que sigue los preceptos de la ley de 1516. Una banda tradicional acompaña el trago varias noches a la semana mientras los curiosos y los clientes habituales brindan, agradecidos, por la ocurrencia del duque.

A principios del siglo XIX, y de la mano de Maximiliano I de Baviera, se originó otra de las costumbres cerveceras más arraigadas en la región. Hablamos de los jardines de cerveza (‘biergarten’). Solo en Múnich hay unos 180. Con sus mesas de madera y sus manteles de cuadros, la costumbre surgió cuando Maximiliano I dio permiso para beber debajo de los castaños, como única alternativa para mantener fresca la cerveza en los meses de verano. Ahora congregan a locales y turistas en casi cualquier época del año.

Durante un tiempo estaba prohibido llevar comida a los ‘biergarten’. Ahora sí está permitido, y en las mesas se alternan las viandas propias con las que venden en los puestos, normalmente comida bávara tradicional (salchichas, bretztel, etc). Entre los jardines más populares de Múnich están Hofbräukeller (Wiener Platz), Zum Flaucher y Schinderstadl. Suelen abrir a las 10 de la mañana, y es que en Múnich no hay horarios si de cerveza se trata.

Y tampoco fechas. Los muniqueses están acostumbrados a las bajas temperaturas y es posible ver repletas las mesas de los jardines de cerveza hasta en invierno. Pero si hay una época ligada al consumo de cerveza en la capital bávara es entre finales de septiembre y principios de octubre. Durante algo más de dos semanas, Múnich celebra su mayor fiesta, el Oktoberfest.

Se organiza desde principios del siglo XIX y en los últimos años ha acogido una media de seis millones de visitantes. El Oktoberfest de Múnich –replicada en otros muchos lugares del mundo– se monta en Theresienwiese, un espacio diáfano de más de 40 hectáreas que se convierte en todo un parque de atracciones. Pero no es único festival cervecero de la ciudad: en primavera se organiza el Frühlingsfest. Conocido como “el pequeño Oktoberfest”, sacia la sed de lo muniqueses hasta septiembre.

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