El lado salvaje de Ciudad del Cabo

La naturaleza te llama en la ‘Ciudad Madre’

La riqueza natural de Ciudad del Cabo te invita a explorar más allá de sus límites y buscar su lado más salvaje. Te encontrarás con pingüinos en playas de aguas brillantes, te lanzarás por una montaña escarpada o soñarás entre viñedos legendarios.

Autora: Eugenia Fernández

Montaña de la Mesa
Crédito: Patrick Foh-J/Unsplash

     Trepar a la montaña que lo ve todo

El atardecer desde la icónica Montaña de la Mesa, que preside la costa de Ciudad del Cabo desde las alturas, es una imagen que querrás inmortalizar en tu Instagram. Considerada una de las siete nuevas maravillas naturales del mundo y declarada Patrimonio de la Humanidad, esta monumental meseta de tres kilómetros de largo ofrece una panorámica inolvidable de la ciudad: por un lado, el reino floral más pequeño de la tierra, con más de 1470 especies sobre una alfombra verde. Por otro, los rascacielos brillando sobre el fondo azul del mar. Un teleférico operativo desde 1929 da acceso hasta la cima de la montaña. Un ascenso (o bajada) que, dependiendo de tu espíritu aventurero, también podrás hacer en parapente o rappel.

Playa en Ciudad del Cabo
Crédito: Louis Smit/Unsplash

     Bañarse en el Océano

Las prístinas ­playas bañadas por el frío Atlántico son otra gran atracción natural en Ciudad del Cabo, sobre todo durante los calurosos meses de verano (de noviembre a febrero). Los planes van desde excursiones a ciudades costeras como Langebaan y Darling, donde las flores crecen cerca del mar, hasta cabalgar las olas extremas del arrecife de Dungeons, frente a Hout Bay vigilada por la impresionante formación rocosa de los Doce Apóstoles. Para exprimir al máximo las jornadas junto al mar te recomendamos que sigas las instrucciones de los locales: olvida tus chanclas (allí las llaman ‘slops’), entierra los dedos de los pies en la arena y disponte a ensuciarte las manos con un ‘braai de mariscos’, la clásica barbacoa al estilo sudafricano.

Ballena en Hermanus

     Navegar entre ballenas

El que fuera un pequeño pueblo de pescadores, se ha convertido en el mejor lugar del mundo para ver ballenas. De junio a diciembre la bahía de la ciudad costera de Hermanus se transforma en la zona de baño para una gran cantidad de ballenas francas australes que llegan hasta estas aguas de regreso del Polo. Los avistamientos de estos gigantescos animales –que llegan a medir hasta 16 metros– se hacen en barco o kayac navegando a pocos metros de la costa. No es necesario adentrarse en el mar, también se puede ver a las ballenas saliendo y entrando del agua desde los miradores que hay por la ciudad.

Cape Winelands

     Saborear África entre viñedos

En los alrededores de Ciudad del Cabo se encuentran algunos de los mejores viñedos del país como el valle de Constantia, a menos de 20 kilómetros de la ciudad, o la famosa región de Cape Winelands, a 50 kilómetros.  Los viñedos interminables, que se recorren en bicicleta o segway, se extienden junto a las ciudades históricas como Stellenbosch, Paarl o Franschhoek, repletas de galerías, museos y restaurantes. Allí te esperan algunas de las mejores bodegas del mundo donde degustar vinos locales como el famoso Pinotage, en el cual se mezclan uvas Pinot y Hermitage. Un excelente compañero para los platos populares de mariscos y curry.

Boulders Beach
Crédito: Casey Allen/Unsplash

     Pasear entre pingüinos

A menos de 90 kilómetros de Ciudad del Cabo, cerca de Simon’s Town, suge Boulders Beach, una playa salvaje que se ha convertido en el hogar de una colonia de más de 3.000 pingüinos africanos. En peligro de extinción desde hace décadas, estas pequeñas aves marinas con esmoquin han conseguido mantenerse a salvo gracias al esfuerzo de conservación por parte de las autoridades. La visita a estos simpáticos animales se puede acompañar con una excursión al Cabo de Buena Esperanza, a solo 24 kilómetros, un parque natural donde reina el fynbos, un curiso bosque lluvioso clave en el ecosistema de Sudáfrica.

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