Bayahibe, el jardín secreto submarino

La mejor zona de buceo de República Dominicana

Dentro del paraíso dominicano existe otro paraíso. Alejado de los resorts y las playas perfectas de Punta Cana, hierve un pueblo bullicioso que tiene la fortuna de haber nacido en una intersección de bellezas naturales: Bayahibe.

Autor: Jotart

Playa Dominicus

Este pequeño pueblo de pescadores tiene fama de alegre. La belleza y la tranquilidad que les rodea es tan apuballante que en sus escasas calles siempre hay una fiesta con merengue y mucho ron. Es el lugar para cargarse de energía después de explorar el triángulo de playas y arrecifes que forman las islas de Saona, Catalina y el Parque de Cotubanamá. Para empezar, la misteriosa isla donde vivía el actor Marlon Brando, en el clásico de cine bélico Apocalipsis Now, está frente al pueblo. Se llama Catalina y, como en la película, siempre ha sido un lugar espeso y mágico como si perteneciera a otra dimensión.

Buceadores de todo el mundo se acercan allí cual peregrinos que están buscando el Santo Grial. Y es que Bayahibe no sólo tiene playas blancas y aguas esmeraldas, sino el jardín submarino más colorido y exuberante de la República Dominicana. Si te gusta hacer esnórquel o bucear, hay mansas piscinas de 2 metros de profundidad, donde los aprendices pueden deleitarse acariciando peces y estrellas de colores. Pero también paredes profundas donde se asoman tiburones, rayas y, con suerte, la quilla de algún galeón hundido.

Buceo en Bayahibe

Otro atractivo de Bayahibe es su museo de barcos hundidos. En 2007 un habitante descubrió la quilla de un barco antiguo. Era el Quedagh Merchant, un barco de la India cargado de tesoros del que no se sabía nada desde su captura por unos piratas en el siglo XVII. Sus tesoros desaparecieron pero el esqueleto del barco sigue allí, a sólo unos metros de tu curiosidad. Puedes recorrerlo libremente entre coloridos bancos de peces. También hay otros barcos como el St. George o el Atlantic Princess que el gobierno dominicano hundió hace algunos años para que florecieran corales en su interior.

Entre las playas de Bayahibe, Dominicus y las islas Catalina y Saona, hay un reguero de cañones, balas y barcos antiguos que puedes seguir como Pulgarcito a las migas de pan. Lo más normal es que te lleven a alguno de los más de 20 jardines de arrecifes que rodean este abigarrado ecosistema.

Isla Saona

Saona, la hermana mayor de Catalina, es otro paraíso más grande y también más concurrido. Al amanecer cientos de lanchas y yates parten de los resorts, desde Punta Cana hasta La Romana. Es la excursión de moda. Sus playas blancas y sus arrecifes suelen situarse entre las mejores del continente, pero quizás lo más especial de la isla es su geografía. La isla pertenece al Parque Nacional Cotubanamá y en ella hay más de 500 especies endémicas como la iguana rinoceronte (por sus tres cuernos) o el murciélago pescador. Además, puedes explorar más de 400 cuevas con pinturas rupestres de los indígenas taínos.

También puedes visitar el santuario de tortugas de Mano Juan, una de las dos aldeas que tiene la isla; explorar sus manglares y sumergirte en la playa de Pepe. Bajo sus aguas tranquilas y turquesas, te encontrarás uno de los arrecifes más coloridos del Caribe.

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