Conquistar un volcán y otras hazañas

3 excursiones imprescindibles desde Arequipa

Más allá de sus relucientes monumentos, lejos de mansiones coloniales y picanterías para ‘foodies’, la Ciudad Blanca reconecta con su lado más auténtico, el de los volcanes y las vicuñas.

Autora: Eugenia Fernández
Volcán Misti, en Arequipa

     Domar al volcán

La segunda ciudad más grande de Perú es rica en sillar, la piedra blanca que recubre la mayoría de sus monumentos. Esta se obtiene de los volcanes que la rodean: Misti, Chachani y Pichu Pichu. Para sentir de cerca su poderosa energía se puede subir a sus picos nevados en excursiones de un par de días. El Pichu Pichu es el más ‘bajito’ de los tres, con ‘solo’ 5.664 metros de alto. El Misti, a 5.825 metros sobre el nivel del mar, permite observar desde su cumbre la ciudad de Arequipa, el valle del río Chili y los otros dos volcanes. La ruta por el volcán Chachani, de 6.075 metros de altura, está considerada una de las más exigentes del Perú.
Antes de iniciar el ascenso hacia sus cráteres, es recomendable aclimatarse un par de días en la ciudad para evitar el mal de altura. Coge fuerzas en sus famosas picanterías y prepárate para poner rumbo a la cima.

Mirador de la Cruz del Cóndor

     Descender a las profundidades del Cañón del Colca

Es uno de los cañones más profundos del mundo, el doble que el Gran Cañón del Colorado. Con 4160 metros de profundidad y dramáticos paisajes, se ha convertido en uno de los grandes tesoros de Perú, un parque de atracciones (naturales) para aventureros en el que practicar desde bicicleta de montaña a andinismo, pasando por canotaje en los 300 rápidos del río Colca. Sus miradores acercan a los visitantes al elegante vuelo del cóndor, una especie en peligro de extinción que llama al cañón su hogar. El Mirador de la Cruz del Cóndor es el mejor observatorio para verles planear entre paredes rocosas y vegetación andina.
Entre riquezas naturales y aves legendarias, 14 pueblos coloniales mantienen vivas las costumbres de sus ancestros. Tradiciones como la danza del Wititi –Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco– se conservan en pueblos como Chivay, Maca o Yanque, a cuyas aguas termales, los baños de Chacapi, se les atribuyen cualidades medicinales.

Vicuñas en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca

     De ruta entre vicuñas

La Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca fue creada como área de protección para las vicuñas, aunque en sus casi 367 mil hectáreas habitan además otras especies típicas de la puna como llamas, alpacas y guanacos. Su particular ecosistema comprende salinas, ríos, nevados y volcanes como el Ubinas, el más activo de Perú, lo que permite realizar diversas actividades. Se pueden visitar las cuevas de Sumbay y descubrir pinturas rupestres con más de 6.000 años de antigüedad o practicar andinismo en sus gigantescos volcanes –Misti, Chachani y Pichu Pichu también forman parte de esta reserva–. Aunque la aventura estrella es la que recorre la laguna de Salinas, que ‘aparece’ y ‘desaparece’ según la estación. Durante la época seca, es blanca como la nieve de los volcanes, pero en la época húmeda atrae a numerosas aves, incluidas tres especies diferentes de flamencos. Las vicuñas son más fieles, y te acompañarán en el recorrido durante todo el año.

     Extra: la guarida de la momia

Con sus perpetuas nieves por encima de los 5.000 metros, el volcán Ampato es una de las paradas de la ruta de los volcanes, la favorita de los amantes del trekking en el valle del Colca. En su cima se encontró a la Dama de Ampato, una momia inca con más de 500 años de antigüedad, considerada una de las mejor conservadas del planeta –gracias al hielo del volcán–. Se llama cariñosamente Juanita y se puede visitar en el Museo de los Santuarios Andinos de la UCSM.

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