Desconexión en el Caribe colombiano

Recorremos San Andrés en ‘modo avión’

Que nadie nos moleste, nos vamos de vacaciones a San Andrés y no pensamos coger el teléfono. Si alguien nos busca, estaremos debajo de una palmera en una playa del paraíso.

Autora: Eugenia Fernández

No hay mejor lugar para desconectar que una isla paradisíaca en medio de la nada. Pues bien, nosotros te traemos tres. Tres islas en medio de la nada, si por ‘nada’ entendemos un mar inmenso en el que caben todos los tonos de azul que puedas imaginar. San Andrés, Providencia y Santa Catalina son tres joyas colombianas que flotan en medio del Caribe, a 720 kilómetros de la costa continental. Nicaragua, a 110 kilómetros, es lo más cercano, pero una vez en sus playas, uno tiene la sensación de no pertenecer a ningún lugar. Solo al Caribe, a sus olas y los pececillos que nadan en sus aguas transparentes.

Sombrillas en Jonnhy Cay

San Andrés, la isla más grande, está cubierta de bosques de cocoteros. Rodeada de cayos y arrecifes coralinos, su forma recuerda a un caballito de mar. En ella se puede visitar la laguna ‘Big Pond’, un lago de agua dulce en mitad de este paraíso marítimo, en cuyos alrededores se pueden hacer excursiones caminando, a caballo o en bicicleta de montaña. O La Loma, el colorido barrio situado al norte de la isla, donde late la cultura de los ‘raizales’, los primeros pobladores indígenas del archipiélago. Tienen su propia lengua –el sanandresano– y unas tradiciones únicas que han luchado por conservar. En la Iglesia Bautista Emmanuel, la más antigua de la isla, se puede uno asomar a su historia cada domingo, cuando los habitantes locales llegan vestidos con sus mejores galas para asistir a las celebraciones religiosas. Además, su mirador ofrece una de las mejores perspectivas de San Andrés.

Providencia también es conocida como ‘la flor del océano’. Rodeada de leyendas piratas, se une con la pequeña Santa Catalina mediante el puente de los enamorados. La cabeza de Morgan, una enorme roca bautizada así en honor del pirata inglés Henry Morgan, vigila ambas islas desde su privilegiada posición, asegurándose de que nada altere la paz en este rincón del Caribe.

Cabeza de Morgan, Providencia

Las islas están repletas de sorpresas como el hoyo soplador de San Andrés, un chorro de aire y agua que parece surgir del interior de la tierra –aunque en realidad sean las olas del mar al chocar con los túneles–. O los restaurantes alojados en cabañas en Providencia y Santa Catalina, donde suenan todos los ritmos posibles, una mezcla de su pasado colonial y sus innegables raíces caribeñas. Prepárate para bailar desde socca y calypso hasta chotis y polka, pasando por el vallenato colombiano y el reggae.

Pero no nos engañemos, la principal razón para visitar el Caribe colombiano son sus playas. En West View, al oeste de San Andrés, está la Piscinita, una piscina natural con menos de tres metros de profundidad. El Acuario, camino de Haynes Cay, es todavía menos profundo. Los locales sustituyeron su nombre original, Rose Cay, por uno que le describe mejor, y es que es conocido por alojar una gran cantidad de peces de colores.

Snorkel en San Andrés

Bahía Sardina, con casi medio kilómetro de longitud, es la playa más popular de la isla de San Andrés. Se sitúa en la zona hotelera y tiene una de las mejores perspectivas del fenómeno de los siete colores que caracteriza al mar de San Andrés. En el otro extremo están las playas de San Luis, mucho menos concurridas y custodiadas por casitas de madera pintadas en tonos brillantes. O el parque regional Johnny Cay, un pequeño islote aún más ‘en medio de la nada’, que tiene todas las papeletas para convertirse en tu playa favorita: arena blanca, palmeras para resguardarse del sol, un cóctel local, el coco loco (ron, brandy, whisky, ginebra y crema de coco, entre otros) y música ‘reggae’ en vivo.

Providencia y Santa Catalina no tienen nada que envidiarle a Johnny Cay ni a ninguna de las playas de San Andrés. Frente a la primera se encuentra Cayo Cangrejo, famoso por las empanadas de cangrejo y por la claridad de sus aguas. Forma parte del Parque Nacional Natural Old Providence McBean Lagoon, que protege parte de la tercera barrera de coral más larga del mundo, por lo que bucear entre sus arrecifes es toda una experiencia. Al fin y al cabo, la desconexión también pasa por sumergirse en el Caribe y olvidarse de todo practicando algún deporte acuático.

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