Boston.Crédito: Jenny Cvek/Unsplash

Boston, JFK y un sueño: llegar a la luna

La ruta que inspiró al presidente estadounidense

Desde esta ciudad la luna se ve diferente, es posible que la veas más grande, más brillante e incluso que leas unas iniciales: JFK. Boston y el presidente estadounidense están marcados por el satélite y por el sueño de un niño que quería tocar las estrellas.

Autor: J. Tangarife

John Fitzgerald Kennedy
Crédito: History in HD/Unsplash

A ese niño le llamaban Jack, y a veces robaba botellas de leche para venderlas y comprar cuentos. Su favorito era ‘El Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda’. A escasos 20 minutos en coche de Boston, en el número 83 de Beals Street (Brookline) aún puedes ver el cuento y la taza donde desayunaba John Fitzgerald Kennedy. Desde la casa de sus padres imaginaba que Camelot tendría que estár en algún lugar de la noche estrellada.

Cincuenta años después de que el primer hombre pisara la luna, se evocan las palabras de un Kennedy joven y vital que en plena carrera espacial con la Unión Soviética anunció lo que parecía el titular de una película de ficción: “Elegimos ir a la luna en esta década”.
El discurso integro lo puedes ver y escuchar en la biblioteca John Fitzgerald Kennedy de Boston, así como todos los detalles del alunizaje del Apolo 11 el 20 de julio de 1969, tal como lo vaticinó.

Universidad de Harvard

Boston, la capital intelectual de Estados Unidos, fue el magma de ese sueño. Lo puedes sentir en su aire reivindicativo e intelectual y en su anatomía orgánica, sus calles no forman una cuadrícula como Nueva York o Los Ángeles, sino que crecieron como caminos zigzagueantes. Allí residen los templos académicos más famosos del país: la Universidad de Harvard y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Y allí también se fraguó la independencia de Estados Unidos. Si ves un camino de ladrillos rojos, síguelo, es el Freedom Trail y te llevará por lugares claves como la Casa de Reuniones de Old South, las iglesias Park Street y King’s Chapel o Bunker Hill, la colina donde se desarrolló una de las batallas decisivas contra los británicos.

En el camino puedes descansar en el Boston Common, el parque más antiguo del país, y luego visitar uno de los rincones más bellos de la ciudad: Copley Square y su iglesia Trinity, considerada una obra maestra de la arquitectura norteamericana. El barrio en el que se encuentra se llama Back Bay y reúne las cafeterías y tiendas más modernas y selectas de la ciudad.

Toda la zona se le ganó al mar que se abre frente a ti en el Puerto de Boston. Desde allí se divisan las más de 30 islas que protegen la ciudad de los vientos del Atlántico y que puedes visitar, como ya lo hacía la familia Kennedy, para hacer senderismo, pescar o ver estrellas fugaces.

Biblioteca Pública de Boston
Crédito: CJ/Unsplash

Copley Square también da cobijo a la Biblioteca Pública de Boston, donde el joven JFK solía pasar las tardes leyendo. Su figura es como un holograma que recorre la ciudad. Kennedy Walking Tour es una ruta que te lleva a sus lugares favoritos y a los que le marcaron, como el Omni Parker House Hotel, donde dio su primer discurso con seis años de edad; Jack se subió a la mesa del alcalde ante la mirada de todos y comenzó a hablar. El alcalde era su abuelo John, inmigrante irlandés que huyó de la hambruna en su país y que siempre le inspiró.

En el mismo edificio, cuando estaba a punto de cumplir los 30 años, anunció su  candidatura al Congreso y también allí le propuso matrimonio a Jacqueline Lee Bouvier, después Jackie Kennedy. Antes de su asesinato, ambos habían planeado regresar a Boston cuando dejara la Casa Blanca. No pudo regresar al lugar que consideraba su hogar ni tampoco ver cómo un hombre ponía un pie en la luna por primera vez.

En el Union Oyster House, el restaurante más antiguo de Estados Unidos, y el preferido de Kennedy, todavía se conserva la mesa donde se sentaba a leer periódicos y tomaba apuntes mientras se comía un típico menú bostoniano de almejas y langosta. Puedes cenar en el mismo rincón pero tienes que reservar con antelación. Una vez allí no dejes de mirar por la ventana. En cualquier momento aparecerá la luna.

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