Puerta de Brandenburgo. Crédito Dagmar_Schwelle/Visit Berlin

Europa se quita el abrigo

Las ciudades europeas que hay que visitar en primavera

Tu feed de Instagram está lleno de paisajes veraniegos que están a punto de extinguirse. En el otro lado del mundo, Europa se empieza a llenar de sol y a subir sus temperaturas. Escápate a estas ciudades europeas que se transforman bajo la luz primaveral.

Autora: Margarita Beltrán

Berlín: abierto por primavera

El buen tiempo empuja a la calle a los berlineses, quienes usan cualquier rayo de sol como excusa para montar un oasis urbano. La ciudad se sacude el frío y abre sus brazos con paseos en bicicleta recorriendo la Puerta de Brandenburgo y el río Spree, para terminar en los Jardines del Mundo, uno de los pulmones verdes de la ciudad, donde el mejor plan es tumbarse sobre la hierba. En primavera también vuelven los mercados al aire libre, como el de Mauerpark, las chelas al sol en la mítica cervecería de El Prater y los helados en el café del parque Engelbecken. Te sugerimos acabar la jornada en el tejado del Monkey Bar, entre cócteles, DJs y vistas grandiosas del cielo sobre Berlín.

Roma: bajo el sol de la ‘dolce vita’

La Ciudad Eterna se despierta en primavera con la calidez del sol mediterráneo, colándose entre algunos de los monumentos más famosos del mundo. Roma no solo es un gran museo al aire libre, es también el espíritu del buen vivir italiano. El paisaje de imperios antiguos y siglos pasados –como el Coliseo, el Foro Romano y la magnífica Basílica de San Pedro del Vaticano– sirve de telón de fondo a la vida lenta y perezosa que llena plazas y terrazas, donde las sobremesas se alargan hasta las tardes de Aperol Spritz, el cóctel de moda. Sentarse en la Piazza Navona a tomar un trozo de pizza, deambular por el Trastévere, lleno de tiendas de artesanos, plazoletas y pequeños restaurantes, y meter la mano en la Boca della Verità (Boca de la Verdad) son planes esenciales de la primavera romana.

Niza: luz y lujo mediterráneos

Contagiada por la vida tranquila, el buen comer y los olores silvestres de la Provenza, la primavera en Niza es un anticipo de su verano, plagado de gente guapa y cosmopolita. La perla de la Costa Azul se cubre de azul intenso en su playa del Paseo de los Ingleses, donde pasear entre lujosos hoteles, casinos y villas decimonónicas, además de tumbarte en alguna de sus famosas sillas azules frente al mar.

En su casco antiguo, las flores asoman en las ventanas de edificios de diferentes épocas (neoclásica, belle époqueart déco) y las terrazas salen al paso con estupendos menús acompañados de un vino rosado y la clásica ensalada Niçoise, a base de tomate, anchoas y aceitunas. El otro plan es comprar en un puesto callejero una porción de ‘socca’ (una especie de pizza de garbanzos) y comértela en la playa mientras ves atardecer. Entenderás por qué artistas como Matisse, Picasso o Renoir se enamoraron de la luz de Niza.

Viena: la historia sale a la calle

El Danubio divide con sus colores los márgenes de la ciudad de Mozart, que destapa todo su esplendor y saca a los vieneses a tomar picnics en el parque Stadtpark o a deambular por los puestos del mercado al aire libre de Naschmarkt. Las fachadas con dibujos etéreos de Klimt se llenan de enredaderas y los viejos cafés abren sus terrazas, en las cuales hay que probar, sí o sí, la famosa tarta Sacher, de chocolate y con mermelada de albaricoque.

Entre los edificios del ‘Museums Quartier’ (el distrito de los museos), además de tumbarte al sol en la plaza central, podrás asistir a las actuaciones de Electric Spring, un festival musical que se celebra en abril. La apasionada herencia cultural de Viena se recorre en un paseo a bordo de un carruaje de caballos conducido por un guía que te contará historias asombrosas sobre la ciudad, siempre bajo la atenta mirada de gigantescas estatuas de mármol y palacios imperiales.

Ámsterdam: ¡Vivan los tulipanes!

Rojos, amarillos, blancos, azules. Prepárate para los miles de tulipanes que invaden Ámsterdam en primavera. Junto a la orilla del canal Singel se encuentra el Bloemenmarkt, el famoso mercado de las flores. El buen tiempo trae también uno de los mayores placeres en la capital: perderse entre sus calles. Algunas de las visitas imprescindibles son la Casa Museo de Rembrandt, la iglesia Westerkerk y el Begijnhof, un patio medieval donde vivían las beguinas, una asociación de mujeres cristianas que ayudaban a los más desamparados. Aquí también se puede ver una de las dos únicas casas de madera que quedan en la ciudad.

Tras callejear sin parar tendrás tu recompensa en la Plaza Dam, el corazón de Ámsterdam. Prueba en Stewalla los mejores ’wafles’ y ‘crepes’ de la ciudad.

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