Bogotá camaleónica

Los cambios de la capital colombiana

Quien abre sus puertas, descubre un rompecabezas de estilos. Desde sus barrios ingleses y sus iglesias italianas y francesas, a su centro andaluz, sus profundas avenidas o sus pomposos centros comerciales.

Autor: Juanjo Robledo

Bogotá y Los Andes

Durante muchos años fue una ciudad prohibida por los conflictos del país. Ahora puedes ver grupos de turistas que deambulan por el centro como si todavía estuvieran buscando El Dorado, la leyenda del cacique que se bañaba en oro. De entrada esta urbe, de casi 8 millones de habitantes, te parecerá una colcha de retazos arquitectónicos. De repente entras a un pueblo andaluz como La Candelaria, o caminas por un suburbio londinense de ladrillos rojos y chimeneas Mary Poppins, como en el caso de Teusaquillo o Quinta Camacho.

A ello hay que sumarle su infraestructura. En una generación se han articulado varios proyectos como el sistema de autobuses Transmilenio, que rediseñó las grandes avenidas; la red de parques biblioteca más grande de Sudamérica, o los cientos de kilómetros de ciclorrutas que vertebran la ciudad. La Candelaria, el barrio de callejuelas empinadas, es donde mejor puedes sentir el cambio.

Fachada del Teatro Faenza

Ahora el sector es un calidoscopio de propuestas. De un lado museos como la Casa de la Moneda, donde puedes acercarte a los gordos de Fernando Botero y la colección personal que donó: Picasso, Dalí o Chagall, entre otras firmas. Asimismo. También hay rincones como el Chorro de Quevedo, donde nació la ciudad. Es el lugar ideal para que pruebes el canelazo, bebida de caña de azúcar, aguardiente y canela. Y el momento perfecto para mamargallo, expresión colombiana que al principio te descolocará pero que, entre bromas, la entenderás.

A través de la carrera Séptima, la arteria que atraviesa la sabana, puedes distinguir las capas de la metamorfosis. El antiguo cine porno, el Faenza, ha recuperado su uso como teatro. O la Torre Colpatria, la más alta de la ciudad, ha abierto su última planta como mirador y bar lounge. De los rascacielos que han surgido en los últimos años, pasarás a las grandes barriadas inglesas. Incluso, es posible que veas a Harry Potter. Una casa ha sido ambientada como Hogwarts. El café temático se llama Momento incantatem y preparan las pócimas verdes y humeantes de los aspirantes a mago.

Parque de la 93

Muy cerca, en el Park Way, puedes sentir el pulso cultural de Bogotá. Allí funciona uno de los referentes de las artes escénicas, la Casa Ensamble. La capital colombiana organiza cada dos años el Festival de Teatro Iberoamericano, uno de los más grandes de su género. Más al norte, llegarás a uno de los núcleos del nuevo Bogotá: el Parque de la 93. A su alrededor crecen locales de estética neoyorquina, y pululan galerías y centros de diseño como Portobelo. Antes de llegar al parque es posible que te pierdas entre bares y tiendas de la zona.

En la noche puedes relajarte en el Club Colombia, una propuesta pionera que reúne lo mejor de la gastronomía del país. Y terminar con una sobredosis de vallenato en La Gaira, el restaurante de Carlos Vives. Allí escucharás en vivo a famosos del vallenato como Fonseca o el propio Vives.

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