Dubái

Descomunal Dubái

La exageración como modo de vida

A Dubái no le gusta perder. Por eso sigue desafiando los límites de la arquitectura y el lujo con gigantescos rascacielos, hoteles de siete estrellas y un parque de atracciones del tamaño de 28 campos de fútbol.

Autora: Eugenia Fernández

El primer cajero de lingotes de oro del mundo se instaló en Dubái. Nada sorprendente en una ciudad llena de Mercedes, Lamborghinis y Ferraris. La policía tuvo que hacerse con un Bugatti-patrulla para estar a la altura. Puede alcanzar los 407 kilómetros por hora y cuenta con el récord Guinness por ser “el coche de policía en servicio más rápido del mundo”. Es solo uno de los récords por los que se conoce a Dubái y que incluyen hazañas tan variadas como tener el adorno de Navidad más grande del mundo –1100 kilos–, haber organizado la fila de caballos más larga –116– o reunir al mayor número de nacionalidades disfrutando de un desayuno continental a la vez en un mismo espacio.

Burj Khalifa

Quizá su hito más conocido sea el de tener el edificio más alto del planeta, el inconfundible Burj Khalifa, de 828 metros de alto, una impresionante construcción con varias terrazas de observación –la más alta en el piso 148– y un restaurante en las nubes, At.Mosphere, en el 122. Por cierto, en su interior también se encuentra el ascensor que más distancia recorre en el mundo. Como Dubái no quiere que nadie le arrebate el título –como ya le ocurriera con The Dubai Mall, el excentro comercial más grande del mundo­–, la ciudad anticipa desde hace años la construcción de Dubai Creek Tower, obra del arquitecto español Santiago Calatrava, que se elevará por encima de Burj Khalifa. Aunque no han especificado su altura se especula que estará entre los 900 y los 1300 metros.

Palm Jumeirah

Ningún sueño es pequeño en esta ciudad. Ni siquiera el Dubai Mall, que aún sin poder colgarse la medalla del “más grande del mundo”, intimida con sus apabullantes cifras: más de 1300 tiendas, cientos de cafés y restaurantes de renombre internacional, un acuario y zoológico submarino, una pista de patinaje sobre hielo de tamaño olímpico y un esqueleto de dinosaurio con más de 155 millones de antigüedad. Una combinación que solo es posible en un lugar que presume de tener la pista de esquí cubierta más grande del mundo, a pesar de que sus temperaturas medias en invierno no bajan de los 14 grados.

Dubái hace posible lo imposible. Y lo demuestra con faraónicos proyectos que expanden la ciudad en vertical y en horizontal, e incluso sobre el agua, como la original Palm Jumeirah. Esta isla artificial con forma de palmera se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad junto al Burj Khalifa y a la marina de Dubái, su puerto deportivo. Una de las últimas incorporaciones a este particular catálogo de símbolos es el recién inaugurado marco de Dubái. Situado dentro del parque Zabeel, entre la ciudad antigua y la nueva, nos deja asomarnos a un pasado no tan lejano en el que Dubái era un pueblo de pescadores. El primer rascacielos no llegó hasta 1979.

Burj Al-Arab, Dubái

En 1999 llegó el hotel Burj Al-Arab, tan lujoso que se dice que es de siete estrellas, aunque su calificación oficial es de cinco. Un Rolls Royce recoge a sus huéspedes en el aeropuerto y cuenta con un restaurante submarino con los mejores mariscos. Las suites tienen entre 170 y 330 metros cuadrados y se puede seleccionar entre catorce tipos diferentes de almohadas. Su característica forma de vela también ha contribuido a modificar el ‘skyline’ del desértico Dubái. En primera línea de playa, parece navegar hacia un futuro que no frena, ya sea en forma de titánicos parques de atracciones como el IMG Worlds of Adventure o de récords (y sueños) todavía por cumplir.

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