Vista desde el Duomo

Postales desde los tejados de Florencia

Nuestros rincones favoritos para mirar (desde arriba) a la más bella de Italia

Da igual desde dónde la mires, Florencia es perfecta desde todos los ángulos. Aunque si tenemos que elegir, nos quedamos con estas vistas desde las alturas.

Autora: Eugenia Fernández

Una larga cola en un lateral del Duomo o Catedral de Santa María del Fiore, espera pacientemente su turno para subir a la cúpula de Brunelleschi. Han leído que desde ahí se obtiene una vista inigualable de Florencia, sus ‘palazzos’ y el Campanile de Giotto, una joya de 84 metros de altura y casi siete siglos de antigüedad. Es verdad, se contempla todo eso y mucho más. Lo único malo que tiene la cúpula de Brunelleschi es que desde su mirador no se ve la cúpula de Brunelleschi. La buena noticia es que se ve desde casi cualquier otro mirador de la ciudad.

La Piazzale Michelangelo es uno de los imprescindibles. Situada sobre una colina en la orilla izquierda del río Arno, esta plaza atrae a tantos visitantes como el David de Miguel Ángel o la Galería de los Uffizi. Pero desde todas las terrazas de Florencia no se puede obtener una imagen del Duomo, el Ponte Vecchio y la torre de la Signoria en una misma foto. En verano, la costumbre es sentarse en sus escaleras para ver caer al sol por detrás del Ponte Vecchio, casi siempre con las canciones de algún músico callejero de fondo y una botella de vino o una Peroni (chela italiana) para compartir. Si sigues subiendo llegarás a la basílica de San Miniato al Monte, la única iglesia románica en la ciudad del Renacimiento y un auténtico regalo para la vista, tanto por fuera como en su interior.

La Torre de San Niccolò es otro de los miradores clásicos para contemplar Florencia desde arriba. Formaba parte de la muralla defensiva y es la única de las puertas de la ciudad que ha llegado intacta hasta nuestros días. Desde lo alto de sus 30 metros –la altura perfecta para los que estén cansados de subir escalones, especialmente, después de la cúpula y el Campanile– se obtiene casi la misma vista que desde la Piazzale Michelangelo, solo que en un ambiente más íntimo y sin espontáneos que estropeen tus selfies paseando por detrás.
Pero la clásica Florencia también tiene opciones más actuales para disfrutar de sus iglesias y monumentos sin renunciar al ‘brunch’. O a los ‘rooftop bars’ con piscina, como el Empireo del Hotel Plaza Lucchesi, con vistas 360º de la ciudad, o la terraza del Grand Hotel Minerva, ‘el settimo cielo’ según sus huéspedes, situada junto a la iglesia de Santa Maria Novella. La Terrazza, sobre la torre medieval Consorti, demuestra que es posible mirar al pasado y al futuro al mismo tiempo, aunque para reservar una mesa hay que invocar el ‘carpe diem’ y disfrutar del presente sin pensar en el precio de sus exclusivos cócteles. Las vistas del Duomo, el Palazzo Vecchio y el Forte Belvedere ayudan.

 

Para presupuestos más ajustados, incluso para estudiantes, nada como la Caffeteria delle Oblate, una biblioteca pública a escasos minutos del Duomo. Abrió sus puertas en 2007, convirtiendo un antiguo convento de clausura en un centro cultural, donde conviven el Museo de la Prehistoria con estaciones multimedia y servicio de prestamos de libros y CDs. En su cafetería se puede tomar, además el típico aperitivo italiano, un completo buffet de comida casera. Otra ventaja es que sin necesidad de subir mucho, se tiene una perspectiva única de la cúpula de Brunelleschi. Si sientes vértigo aquí no es por la altura, es uno de los síntomas del síndrome de Stendhal, el mismo que sintió el escritor francés ante la abrumadora belleza de Florencia.

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